viernes, 4 de marzo de 2011

CORRUPCIÓN, ANARQUÍA Y GUERRA CON CHILE

"No cesó nunca la lucha por el poder, pero sin que existieran partidos políticos organizados...
Lo que existieron fueron clubes de notables (como se llamaron a sí mismos los miembros de la clase dominante) cuya presencia se hizo sentir, fundamentalmente, en los fraudulentos, violentos y nada democráticos procesos electorales."

Escribe: Luis Guzmán Palomino.

No exageró Ricardo Palma, protagonista de los hechos que relatamos, escribiendo que "tan pronto entraron los chilenos (en Lima) comenzaron las intrigas, y comenzó también a fermentar la podredumbre de la política" (Cartas a Piérola, Editorial Milla Batres, Lima, 1979, Crónica 1, p. 133.). Porque en medio del caos que siguió a las derrotas en San Juan y Miraflores emergió nuevamente el civilismo, para aprovechar la situación en beneficio propio. Ese partido político, enemigo tenaz del pierolismo, festejaría soterradamente la derrota del dictador, calculando que ello provocaría su derrocamiento; se dice, incluso, que en los días del desastre de Lima, hizo famosa una increíble consigna: "Primero los chilenos que el zambo ladrón de Piérola" (Abate Faria, Sensacionales revelaciones (y) pavorosas acusaciones al civilismo pardista por las responsabilidades en el desastre del 79, en Germinal, 27 de noviembre de 1918).

La clase dominante que regía los destinos del país no formaba entonces un bloque homogéneo. Todo lo contrario, los enfrentamientos a su interior fueron tales que llegaron hasta el crimen, habiendo sido el asesinato de Manuel Pardo, poco antes del estallido de la guerra con Chile, su máxima expresión. No cesó nunca la lucha por el poder, pero sin que existieran partidos políticos organizados, con excepción del civilista que fundara Pardo. Lo que existieron fueron clubes de notables (como se llamaron a sí mismos los miembros de la clase dominante) cuya presencia se hizo sentir, fundamentalmente, en los fraudulentos, violentos y nada democráticos procesos electorales.

Y hubo asimismo facciones caudillescas, protagonistas de las numerosas rebeliones que se sucedieron en la historia republicana. El pierolismo fue eso último. De alguna forma, en sus orígenes, expresó el resentimiento de la aristocracia goda, de los terratenientes feudales que hicieron y deshicieron gobiernos durante el período del caudillaje militar, y que promediando el siglo XIX se vieron desplazados del poder por la plutocracia limeña de nuevo cuño, que surgió en el período del guano controlando la comercialización internacional de este fertilizante, para copar luego los entes financieros haciendo del estado un mero instrumento al servicio de sus intereses. Por paradoja, Nicolás de Piérola, padre del dictador de 1879, como ministro de hacienda del gobierno de Rufino Echenique, coadyuvó al nacimiento de la nueva elite dominante, perpetrando el escándalo de la consolidación de la deuda interna.

IMPROVISANDO UN MINISTRO

Nicolás de Piérola, hijo, que es el que interesa a nuestro tema, fue un personaje oscuro hasta antes de su espectacular encumbramiento como ministro de hacienda bajo la presidencia de José Balta. Arequipeño de nacimiento, fue educado para la carrera eclesiástica, pero tuvo que abandonar ese horizonte a la muerte de su padre, que produjo a su familia penurias económicas. Abrió entonces una botica en Lima, especializada en vender drogas americanas, y ejerció esporádicamente el periodismo. Así se mantuvo con alguna modestia, hasta que un buen día a alguien se le ocurrió sacarlo del anonimato, para desgracia del Perú. Dejemos a un cronista de la época relatarnos como ocurrió tan inopinado acontecimiento:

“Las crisis ministeriales han sido tan frecuentes en el Perú y tan difícil salvarlas de un modo provechoso, que en muchas ocasiones ha sido preciso, para llenar un nicho ministerial, tomar a lazo al primer hombre que se presentara. Tiempo ha habido en que los presidentes han estado a punto de poner en los periódicos un aviso diciendo: Se necesita un ministro de estado. A la persona que quiera el cargo no se le exigirá recomendación ni título de ninguna clase. En esta imprenta darán razón.

“En una de esas crisis, el señor general Echenique según unos, o don Rafael Vial según otros, propuso ante el presidente Balta al señor Piérola para el ministerio de hacienda. Ni el coronel Balta, ni sus ministros conocían al propuesto, así es que aquel lo tomó de confianza y como venido de buenas manos.

“El señor De Piérola corrió al portafolio con esa presteza que para toda especie de carreras ha demostrado después (aquí se refiere el cronista a la fuga de Piérola en la batalla de Miraflores, cuando aún se luchaba). Y sus primeros actos demostraron dos hechos: 1) su doctrina absurda en materias económicas; y 2) su estupenda vanidad. Aseguró en uno de sus documentos, y aún repitió en el congreso, que un pueblo era tanto más rico y poderoso cuanto era mayor su deuda; y contestando a sus adversarios, en un periódico, les dijo que por más que se lamentasen, no se elevarían nunca hasta la altura de su desprecio. Si esto no daba idea de lo que eran el ministro y el hombre, difícil será encontrar rasgos que mejor los caractericen. Oscuro hubiera pasado el nombre del sujeto que, a los treinta años de edad, había sido llamado al portafolio de hacienda, si no hubiera sobrevenido un acontecimiento que tanta importancia tendría en los negocios más importantes del fisco nacional" (Fray Benito Encalada Montestruque y Maldonado, Ramillete o repertorio de los más piramidales documentos oficiales del Gobierno Dictatorio, con una parodia al lado, en vil verso, Lima, 1881, p. X).

En efecto, la gestión ministerial de Piérola devino espectacular con la suscripción del Contrato Dreyfus, en cuya virtud sacó del negocio del guano a los consignatarios peruanos entregándoselo en monopolio a la Casa Dreyfus y Compañía, entidad financiera formada en Francia. Protestaron los guaneros peruanos, que entonces se autoproclamaron oportunistamente hijos del país, empleando toda suerte de recursos, en la prensa y en los tribunales de justicia, para anular ese contrato. Y de esa manera, Piérola se hizo enemigo mortal de la oligarquía limeña.

LOS HONRADOS ERAN IMBÉCILES

Cierto que el período del guano estuvo caracterizado por escandalosos robos, fraudes y negociados a través de los cuales la elite dominante limeña pudo amasar inmensas fortunas. Cierto también que el Estado que manejaba a su antojo vio acrecentarse paradójicamente sus deudas externa e interna, hasta quedar al borde de la bancarrota, porque los guaneros dilapidaron sus millones en una vida plena de lujos y placeres, sin interesarse en lo más mínimo por el progreso de un país que, al contrario, precipitaron a la ruina.

Pero no se crea que Piérola insurgió contra ellos por convicciones nacionalistas o para terminar con la inmoralidad, ya que la entrega del negocio del guano a Dreyfus reveló a la postre fue sólo un cambio de grupos corruptos. El gobierno de Balta-Piérola fue uno de los más nefastos de la historia del Perú, pues bajo el manto de la construcción por doquier de obras públicas, en especial ferrocarriles, se dilapidaron todos los millones que en calidad de adelanto proporcionó Dreyfus, millones que hicieron la fabulosa fortuna del aventurero norteamericano Henry Meiggs, cuya figura signó todo este período. Al final, dejaron de afluir los capitales de Dreyfus, precisamente cuando la deuda externa del Perú alcanzaba una cifra astronómica e impagable, sumiéndose el país en el descrédito internacional.

No es el caso abundar aquí sobre lo que significó la presencia de Meiggs en la vida política nacional. Sin duda fue un excelente ingeniero y un profundo conocedor de las gentes, pues las supo manejar como le convino. Pero lo más saltante de su personalidad fue su carencia absoluta de escrúpulos, su extraordinaria amoralidad que lo convirtió en cabecilla de la corrupción que entonces reinó en el Perú. Y fue tal vez Manuel Gonzáles Prada quien mejor retrató al hombre y su tiempo, escribiendo en un artículo que tituló En el año 2200, estas líneas condenatorias:

"En el Perú del siglo XIX, en esa Cartago sin Aníbal, en esa monarquía mercenaria con ínfulas de república, reinaban los presidentes, gobernaban los Dreyfus y los Grace. Ahí no había más eco que el del oro, ahí no había más idea que locupletar el vientre: la conciencia de todo político se vendía, la pluma de todo escritor se alquilaba. Los hombres inteligentes eran pícaros, los honrados eran imbéciles. Ahí no podría citarse el nombre de un individuo que merezca llamarse honrado, porque no se consideraba cosas indignas el asaltar la riqueza pública, traicionar a sus convicciones ni traficar con la honra de sus propias familias. Hubo un tal Meiggs, un negociante convertido en millonario gracias a los contratos leoninos con el gobierno. Pues bien, las hermanas, la esposa y las hijas iban a prostituírsele.

“¿Qué era el poder judicial? almoneda pública, desde la corte suprema hasta el juzgado de paz. ¿Qué los congresos? agrupaciones de mala ley, formadas por los familiares, los amigos, los paniaguados y los domésticos de los presidentes. ¿Qué las autoridades políticas, desde el gobernador hasta el prefecto? torsionarios que encarcelaban, flagelaban, violaban y fusilaban. ¿Qué el pueblo?, una especie de animal doméstico y castrado... ¡Tiempos felices! Los auxiliares de un pirotécnico (por no decir cohetero) se metamorfoseaban en ingenieros de minas, y los oriundos de Nueva Caledonia (adjudicándose nombres floridos) hacían de influyentes personajes con asiento diario en la mesa de palacio. Algunos de los provectos y severísimos varones que hoy fundan cátedra de moral, virtud y urbanidad eran entonces muchachos imberbes con todas las argucias de Gil Blas, pues ganaban relojes de oro y alazanes pura sangre por montar la guardia mientras sus madres, sus hermanas o sus primas tomaban la posición horizontal en el canapé de Meiggs" (Inserto en Fragmentaria, México, 1945, pp. 153-154). 5

LA BANCARROTA DEL PERÚ

Para hacer frente a Piérola y a Dreyfus, los guaneros peruanos consideraron preciso dar forma a un poderoso partido político que les permitiera recuperar el control directo del estado. Nació así el partido Civil, que tras los trágicos sucesos de julio de 1872 instaló en la presidencia a Manuel Pardo, uno de los hombres más acaudalados del país. Connotadas figuras del anterior régimen, como si temieran por los delitos que habían cometido usufructuando del poder, buscaron entonces refugio seguro en Chile, pese a que Pardo no los hostilizó en lo absoluto. Hacia allá marchó el ex-ministro Manuel Santa María, de quien se dijo que "tenía la conciencia más negra que manos de carbonero", y poco después Piérola siguió sus pasos. No había podido resignarse a volver a su droguería y pasó a Chile con el propósito de conspirar desde allí contra Pardo, para lo cual contaba con el apoyo pecuniario de Dreyfus. Por su oposición a la oligarquía limeña de guaneros y banqueros, Piérola captaba la adhesión de los terratenientes provincianos, con excepción de los agro-exportadores del norte costeño y del sur chico, que se habían alineado con los civilistas obteniendo a cambio el crédito de sus bancos.

La gestión presidencial de Pardo fue desastrosa y dio pie para el estallido de conspiraciones y rebeliones. Pese a lo grave de la crisis fiscal, durante su mandato prosiguió el saqueo de los recursos nacionales para exclusivo beneficio de la elite dominante. El guano no era de momento un buen negocio, por los líos con Dreyfus y por la rebaja de su cotización en el mercado internacional; entonces los civilistas decidieron adueñarse del salitre, conformando sus bancos asociados la Compañía Salitrera del Perú, cuyo presidente, el abogado Francisco García Calderón, habría de tener rol protagónico en la guerra con Chile. Funesta en grado sumo fue la gestión gubernativa de la argolla, como se dio en llamar desde entonces al pardismo despótico y exclusivista. Además de quebrar al Estado económicamente y de azuzar sin tregua la pugna política, descuidó de manera suicida la defensa nacional, pese a ser ya notoria la amenaza del expansionismo chileno. Sintetizando lo que fue el gobierno de Pardo, el abate Faría escribió:

"Los hombres de la argolla, que inauguraron su gobierno con la infame bacanal de los hermanos Gutiérrez, cuyos cadáveres fueron arrojados a la hoguera, representaron un gobierno funesto para la patria. Este gobierno levantó la bandera del antimilitarismo, amenazados como estábamos por Chile. Mantuvo al Perú en completo estado de desarme. Disolvió el ejército... Puso la escuadra en estado de desarme, convirtiendo el Huáscar en criadero de chanchos... De los mil millones de los empréstitos y presupuesto del 72 al 76 no se compró un rifle ni un casquillo... Mientras tanto Chile se armaba para arrebatarnos nuestro rico territorio del Sur.

“El gobierno pardista del 72 cometió graves errores y asumió ante la historia terribles responsabilidades. Declaró la bancarrota nacional, llevando al Perú a la ruina financiera y al desprestigio externo. El Perú declarado en bancarrota, poseedor del guano y del salitre, inmensa riqueza que representaba más de veinte mil millones... Al firmar el pardismo la declaratoria de bancarrota entregaba a Chile, a perpetuidad, el guano y el salitre... El funesto tratado con Bolivia, firmado el año 73, entre los plenipotenciarios Riva Agüero y Benavente, fue el mayor error y descalabro del pardismo. ¡Firmaron un tratado de alianza con un país pobre, débil, anarquizado y desordenado, que se encontraba a los pies de Chile... Nuestra aliada, a la declaratoria de guerra, no poseía ni una mísera chalupa!

“Los negociados de los bancos de emisión representan un peculado vergonzoso. Los pardistas extrajeron de la caja de los bancos todo, o casi todo el oro y la plata, y lo remitieron a Europa. Emitieron el billete fiscal sin garantía, incontrovertible y lo declararon de circulación forzosa. Con una mísera máquina de imprimir se fabricaron millones y más millones de billetes. Hubo una verdadera debacle. De esta manera, los pardistas aseguraron en metálico depositado en Europa sus fortunas privadas, arruinando el crédito financiero del Perú... Esa fue la obra nefasta del pardismo del 72 al 76, con sus vergüenzas, con sus errores, con sus peculados y con sus felonías" (op. cit.).

LA LOCURA O EL PODER

De Chile Piérola pasó a Europa, para preparar con Dreyfus la rebelión contra Pardo. Y regresó a bordo del Talismán, vía Chile, con un grupo de aventureros convenientemente armados, entre los que se contaba Guillermo Billinghurst, convertido en uno de sus fanáticos. Desembarcando en Pacocha, el 1 de noviembre de 1874, vestido de uniforme militar con entorchados de general y calzando botas granaderas, Piérola se pronunció contra el régimen y se autoproclamó jefe supremo provisorio de la república. Sólo unas horas después, Miguel Grau, al mando del Huáscar, apresaba el Talismán. Ello no obstante Piérola continuó su aventura, levantando una montonera con el apoyo de algunos potentados de la región.

Pardo reaccionó enviando en su contra dos divisiones al mando del capitán de navío Lizardo Montero y del coronel Belisario Suárez, quienes derrotaron al rebelde en Los Ángeles y Bellavista, acciones en las que tuvo destacada actuación el coronel Cáceres al mando del batallón Zepita. Esa campaña tendría repercusiones ulteriores, precisamente en medio de la guerra del guano y del salitre.

Tras ello Piérola retornó a Chile, donde siempre fue gratamente recibido pues a los gobernantes chilenos les interesaba sobremanera anarquizar el Perú, sirviéndoles en esto Piérola mejor que ninguno. Allí se mantuvo a la expectativa, pensando siempre en la captura del mando supremo del Perú, a cualquier precio. Mientras tanto, aquí se produjo el cambio de gobierno. Compitieron en cruentas elecciones el recién ascendido contralmirante Montero y el general Mariano Ignacio Prado. Por motivos difíciles de explicar, Pardo no apoyó a Montero, pese a haber sido éste fundador del civilismo, auspiciando en cambio a Prado que fue electo para el período 1876-1880.

Como Prado no se sujetara del todo a sus orientaciones, bien pronto el civilismo le quitó apoyo; y desde el congreso, cuya mayoría controlaban, realizó una tenaz oposición. La censura de gabinetes fue cosa corriente, tornándose inmanejable el gobierno y provocándose un estado de agitación política creciente. Por si fuera poco, Piérola, otra vez procedente de Chile y financiado por Dreyfus, se alzó nuevamente en rebeldía, carente en lo absoluto de programa y actuando como simple instrumento de oscuros intereses propios y extraños. Quien salió a batirlo esta vez fue el coronel La Cotera, que derrotándolo en Yacango en octubre de 1876 ganó su ascenso a general. Piérola, que entonces fugó al sur, como era de esperar, se vengaría de La Cotera en plena guerra con Chile.

No por ello escarmentó Piérola, pese a saberse huérfano de apoyo popular pues de otro modo no habría sido derrotado tan fácilmente. Para él no había más disyuntiva que la locura o el poder. La elección no podía ser dudosa y en mayo de 1877 un sector de la marina se sublevó en su favor, nada menos que capturando al Huáscar en el Callao y llevándolo a una caleta del sur donde Piérola subió a bordo. Un incidente inesperado vino a aureolar su aventura de tragicómico nacionalismo. En alta mar interceptó a los vapores John Elder y Santa Rosa de la Compañía Inglesa, exigiendo a sus conductores entregarle la comunicación que llevaban. Protestó por este hecho el almirante A. M. Horsey, jefe de la escuadra inglesa del Pacífico, a la sazón en el Callao a bordo del Shah, intimando la rendición del rebelde. Piérola aprovechó esta coyuntura y el 22 de mayo lanzó un "Manifiesto" a la nación, de corte patriotero. La escuadra enviada contra él por el presidente Prado, a las órdenes de Juan Guillermo Moore, lo enfrentó en las cercanías de Pisagua. El Huáscar pudo huir pero a la altura de Pacocha topó con los navíos ingleses Shah y Amesthyt, el 29 de mayo. Una vez más el monitor logró escapar de sus adversarios y llegando a Iquique Piérola se rindió a Moore, quien consintió que marchara al destierro. Así, por enésima vez, el consuetudinario rebelde pasó a Chile.

Los civilistas quisieron sacar provecho de la inestabilidad del régimen y el 14 de junio del mismo año Montero y García y García, sin intervenir personalmente, sublevaron algunas unidades del ejército y de la marina, sin ningún éxito. Montero quedó libre de toda sospecha y prosiguió sus ataques al gobierno desde su curul de senador en el congreso. García y García fue apresado y resentido con el civilismo empezó a congraciarse con Piérola.

Nótese la ininterrumpida cadena de conspiraciones y rebeliones que trastornaron el país en el período inmediatamente anterior a la guerra con Chile, propiciando entre sus protagonistas odios y recelos que no se olvidarían ni en presencia del enemigo extranjero. No fueron luchas personales; expresaron diferencias de criterio y ambiciones de poder al interior de los diversos grupos conformantes de la clase dominante. El gobierno de Prado fue socavado por esas disputas quedando a la postre carente de todo apoyo político. Así, tremendamente desestabilizado y con una catastrófica crisis económica, afrontaría la agresión extranjera.

Tal vez el único que reparó en las maquinaciones de la burguesía chilena, evidentemente coludida con el imperialismo inglés, fue el propio Pardo, quien estuvo en el país del sur en 1878 percibiendo los preparativos bélicos y la prédica expansionista. Ello lo movió a regresar al Perú, para de inmediato entrevistarse con Prado poniéndolo al tanto de sus temores y ofreciéndole el apoyo del civilismo para recomponer el frente interno. Pero ya no hubo tiempo para ello pues el 16 de noviembre de aquel año, cuando llegaba al congreso del cual era presidente, Pardo fue asesinado.

Autor material del crimen fue Melchor Montoya, un sargento del batallón Pichincha, que hacía guardia en el recinto parlamentario; pero a las claras se advierte que otros fueron los autores intelectuales y se dice que en él estuvieron coludidos los agentes de Piérola, Dreyfus y Chile.

Sólo tres meses después de tan infausto suceso, Chile desataba la guerra ocupando el litoral boliviano. Y en acatamiento del malhadado tratado de alianza que firmara Pardo en 1873, el Perú se vio envuelto en ella, teniéndola anteladamente perdida, por el cúmulo de factores adversos de los cuales fue directa responsable su clase dominante.

2 comentarios:

Mariana mar dijo...

Es patético que no haya un sólo comentario de los peruanos. Vaya país abyecto y desvergonzado.

luis lehi crispin flores dijo...

Gracias por compartir este valioso conocimiento.